1º de Mayo: Día Internacional del Trabajo

El 1ro de mayo de 1886
La situación que vivían los obreros europeos no era única. En los Estados Unidos también vivían situaciones semejantes. Las principales industrias se encontraban en la zona norte y la costa este de Estados Unidos.
Chicago es una ciudad que se encuentra en el Estado de Illinois. Está en la zona de los Grandes Lagos y el clima es muy frío.
Estados Unidos había sido, desde su origen, tierra abierta para los inmigrantes. Una gran masa de los obreros eran alemanes, ingleses, irlandeses, bohemios, polacos, judíos, italianos... Estos hombres venían cansados de la miseria en que vivían en sus países y buscaban una tierra de justicia y de mejores oportunidades para ellos y sus familias.
En Chicago, por su ubicación geográfica y la riqueza de su medio, existían numerosas industrias que empleaban a cientos de miles de obreros con unas condiciones de trabajo muy indignas, injustas e inhumanas.
Los obreros, tanto en Europa como en América, continuaban su lucha por la reducción de la jornada laboral. En Francia e Inglaterra, después de mucho pelear, los obreros conquistaron —en 1848— la jornada laboral de 10 horas diarias. Sin embargo, en muchos casos los empresarios no cumplían con esta ley y no les pasaba nada. En Estados Unidos la lucha por la jornada de ocho horas era una reivindicación que los obreros venían exigiendo desde 1820.
En 1864 los obreros de Francia e Inglaterra convocan, en Londres, una reunión de los trabajadores. Allí nace la Asociación Internacionalde los Trabajadores. Dos años más tarde se reúnen nuevamente, esta vez en Ginebra. En esta reunión participa una delegación de obreros de Estados Unidos. En este 2do. Congreso de la Asociación, los obreros lanzan la consigna para la jornada laboral de ocho horas.
En los Estados Unidos continúo la lucha. En 1881 se creó la Federación de Sindicatos, que tomó la bandera por las ocho horas. En 1884 se reunió en Chicago el 4to. Congreso de la Federación de Sindicatos: llamó a todos los obreros a conquistar, para el 1ero. de Mayo de 1886, la jornada laboral de ocho horas.
Esa fecha fue escogida, probablemente, por ser un día en que se renovaban los contratos de trabajo. La idea fue acogida con entusiasmo por los trabajadores quienes comenzaron a movilizarse para lograr su objetivo: crecieron las organizaciones sindicales y la prensa obrera se multiplicó.
Todos los esfuerzos estaban centrados en la jornada laboral de ocho horas. Los obreros exigían esto porque consideraban que era justo tener:
• 8 horas de trabajo
• 8 horas de descanso
• 8 horas al estudio, recreación, etc.
La burguesía y la gran prensa estadounidense (controlada por éstos) se opusieron violentamente al reclamo de los trabajadores. El PhiladelphiaTelegram decía: (El elemento laboral ha sido picado por una especie de tarántula universal, se ha vuelto loco de remate. ¡Pensar en estos momentos precisamente en iniciar una huelga por el logro del sistema de ocho horas!.)
Los empresarios de Chicago se preparaban para oponerse a la petición de los obreros. Oigamos lo que nos dicen dos escritores norteamericanos:
“Aun en tiempos normales, los industriales de Chicago gozaban de merecida fama de salvajismo. El Departamento de Policía, según Henry David, en su autorizado trabajo El Caso Haymarket, “hacia tiempo que era utilizado como si fuera una fuerza privada al servicio de los patronos”... La mayoría de los agentes policiales, además del pago que recibían del municipio, percibían dinero también de las organizaciones patronales”.
Además de esta “protección especial» de la policía, los empresarios contaban con su propia guardia privada, llamados pinkertons, que se enfrentaban a los obreros.
Sin embargo, nada de esto asustaba a los trabajadores, quienes estaban decididos a tener la jornada de ocho horas para el 1ero. de Mayo o ir a la huelga. Alrededor de 150.000 trabajadores habían logrado su propósito para el día establecido.
La jornada del 1ero. de Mayo
El 1ero. de mayo amaneció un día muy bueno para Chicago. Ese día, por suerte, no soplaba el viento helado procedente de los Grandes Lagos. Era sábado y, por tanto, día obligado de trabajo para toda la población... pero los habitantes de Chicago no estaban trabajando.
Cientos de miles de obreros (carpinteros, maquinistas, gasistas, plomeros, carniceros, albañiles, jugueteros, zapateros, empleados de comercio...) con sus mujeres y sus hijos —vestidos con sus ropas de fiesta — paseaban por las calles de la ciudad.
Habría un desfile por una de las principales avenidas. A los lados de la ruta que seguiría el desfile, y por las calles cercanas, estaba la policía y la guardia privada de los empresarios. En la armería del Estado había 1.350 guardias nacionales preparados para salir a la menor provocación. Todos estaban armados.
El desfile de los obreros se realizó dentro de la mayor normalidad. Dos dirigentes obreros, Albert Parsons— norteamericano — y Auguste Spies — alemán — encabezaban la manifestación. Parsons habló en el acto y Spies dio el discurso final. Ochenta mil obreros habían desfilado y no se había producido ningún incidente. Todos los pronósticos de violencia, hechos por los empresarios, habían fracasado.
El 3 de Mayo
El lunes tres de Mayo no se esperaba ninguna situación especial y nadie estaba preparado para lo que sucedió. La huelga general continuaba. Una de las mayores fábricas de maquinaria agrícola (Ia McCormick) había despedido en Febrero a 1.400 obreros. Ese lunes 3 un grupo de los trabajadores despedidos estaba en las afueras de la fábrica esperando la salida de unos obreros rompehuelgas. Cerca del sitio (a poco menos de medio kilómetro) estaban alrededor de 6.000 obreros madereros reunidos con Auguste Spies.
La policía, exasperada y nerviosa pues no había ocurrido nada de lo que habían predicho, atacó a los trabajadores despedidos de Ia McCormick. Los madereros, avisados de lo que estaba sucediendo, corrieron hacia el lugar. La policía también los estaba esperando. Hubo seis obrero muertos y más de cincuenta heridos.
Spies era editor de un periódico alemán para los obreros. Al ver lo sucedido, dolorido y rabioso, escribió un artículo donde pedía vengar la muerte de los obreros asesinados por medio de las armas. Junto con otros dirigentes obreros convocó a un acto, en Ia Plaza Haymarket, para Ia noche siguiente.
La Plaza Haymarket
La reunión había sido convocada para protestar por la muerte de los obreros. La plaza quedaba muy cerca de Ia Delegación de Policía donde había 180 policías aguardando para Ianzarse contra los obreros reunidos en Ia plaza.
Albert Parsons, Auguste Spies y Samuel Fielden hablarían en el acto. El alcalde de Chicago, quien había dada permiso para que el acto se realizara, estaba presente allí esa noche. Quería comprobar que todo iba bien. A las diez de Ia noche ya habían hablado Parsons y Spies. Comenzó una ligera lluvia y algunos de los presentes se retiraron. Parsons y Spies se fueron a un café cercano y el alcalde pasó a Ia Delegación de Policía para decir que todo iba bien y que el acto se estaba terminando.
John Bonfield, temido inspector de policía, pensó que Ia gente debía marcharse. Se fue con sus hombres y ordenó que todos se retiraran. Fielden, quien estaba hablando en ese momento, protestó Ia actuación policial y reclamó el derecho a continuar Ia reunión.
En ese momento, no se sabe de dónde, estalló una bomba cerca de Ia policía, matando a uno e hiriendo a varios. La reacción no se hizo esperar: Ia policía comenzó a disparar, matando a varios obreros e hiriendo a más de doscientos.
La represión se extendió al mundo obrero, no sólo de Chicago sino de las principales ciudades norteamericanas. En Chicago hubo cientos de detenidos, apaleados y torturados. Se declaró el estado de sitio y el toque de queda. La prensa continuó su campaña contra los obreros, sobre todo los extranjeros. El Chicago Herald escribiría:
“...no son sino Ia hez de Europa, que buscó estas costas para abusar de Ia hospitalidad y desafiar a Ia autoridad del país. ¿Cómo dejar pasar tal oportunidad de echar mano a los cabecillas de estos pestíferos individuos que a lo largo de meses y años han proclamado sus sediciosas y peligrosas doctrinas?
Todo estaba preparado para culpar de lo sucedido en Ia Plaza Haymarket a los principales dirigentes obreros, muchos de ellos extranjeros. Albert Parsons se dió cuenta enseguida de lo que podía suceder y esa misma noche escapó de Chicago.
Enseguida se ordenó el arresto del inglés Samuel Fielden, de los alemanes Auguste Spies, Michael Schwab, Georges Engel, Adolph Fischer y Louis Lingg y de los norteamericanos Oscar Neebe y Albert Parsons. De todos ellos, sóIo Spies, Parsons y Fielden estuvieron Ia noche del 4 de mayo en Ia plaza. Todos menos Parsons, fueron arrestados en pocos días.
El juicio
Los ocho obreros fueron acusados de Ia muerte del policía Matías J. Degan. Parsons seguía sin aparecer aunque Ia policía le buscaba por todas partes. El día que comenzó el juicio —21 de Junjo— apareció en Ia sala: «Vuestras Honorabilidades —dijo dirigiéndose al juez, fiscal y jurado— he venido para que se me procese con todos mis inocentes compañeros.”
Se designó para el juicio a Joseph Gary como juez y a Julius Grinnel como fiscal a cargo de Ia acusación. El jurado se escogió entre comerciantes, industriales y empleados de los mismos. Un miembro del jurado era, inclusive, pariente de uno de los policías heridos. Posteriormente, el entonces gobernador del Estado al estudiar el caso ante una nueva petici6n de clemencia para los acusados que cumplían prisión perpetua, reconoció que todo había sido preparado y que no se había respetado Ia ley. Era el gobernador John Peter Atlgeld.
El juicio fue una farsa de principio a fin. El fiscal no pudo probar que los acusados eran los responsables de Ia bomba. Uno de los testigos —pagado por Ia policía— declaró que vio “cuando Spies le pasaba un artefacto parecido a una bomba a Schwab y éste a su vez se Ia daba a Rodolfo Schnaubelt para que éste Ia arrojara contra el grupo de policías”.
Spies y Schwab eran juzgados, mientras que Schnaubelt fue liberado misteriosamente. Este y otros hechos nos demuestran que el objetivo real era Ia destrucción de los dirigentes, como escarmiento para el resto de los obreros y para debilitar el movimiento de los trabajadores.
El gran momento lIegó cuando los acusados se levantaron para acusar a sus acusadores y decir por qué el juez no debía sentenciarlos a muerte ya que Ia sociedad era culpable y no ellos.
Oigamos algunos de los alegatos de los acusados:
Pero todos los alegatos fueron inútiles. La decisión estaba tomada antes de comenzar el juicio. El 9 de octubre de 1886 el juez sentenció a todos los acusados a morir en Ia horca. Oscar Neebe fue el único de los acusados que no fue sentenciado a Ia horca, sino a 15 años de prisión. Neebe, al oír al juez, gritó que le condenaran a Ia horca pues era tan culpable como sus compañeros: todos eran inocentes.
Los acusados apelaron ante Ia Corte Suprema de los Estados Unidos, pero su petición fue denegada. Miles de voces se alzaron en todo el mundo pidiendo clemencia.
Lucy Parsons, esposa de Albert, se movió por todos los Estados Unidos —con sus dos hijos menores— pidiendo solidaridad con su esposo y los otros compañeros. Al gobernador de Illinois, quién podía suprimir Ia pena de muerte, le Ilegaron miles de cartas pidiendo clemencia: hombres del pueblo, escritores famosos, políticos destacados, Ia G~mara de Diputados de Francia, obreros de todo el mundo... Todos pedían lo mismo.
El gobernador Oglesby se hizo el sordo a todas las peticiones. Albert Parsons escribió una carta al gobernador: “Si soy culpable y se me ahorca por mi presencia en Ia reunión de Ia Plaza de Haymarket, entonces espero que se me conceda Ia suspensión temporal de mí caso hasta que ml esposa y mis hijos sean procesados y condenados a Ia horca, ya que ellos también estuvieron conmigo en Ia Plaza deHaymarket en aquella reunión». Al leer Ia carta, el gobernador, escondiendo Ia cara entre las manos, exclamó: “! Dios mío, esto es verdaderamente terrible!»
El día antes de Ia ejecución, el gobernador conmutó las sentencias de Schwab y Fielden por las de prisión perpetua. El mismo día, Louis Lingg hizo estallar una pequeña bomba en su celda y murió.
Los familiares de los acusados, convencidos de la inocencia de estos y de Ia honestidad de su lucha, les apoyaron y les alentaron a resistir dignamente hasta la muerte. La madre de Lingg le había escrito:
“Yo también, como ustedes, he luchado duramente para tener pan para ti, para tu hermana y para mí misma, y tan cierto como que ahora existo, después de tu muerte estaré orgullosa de ti como lo he estado toda tu vida. Declaro que si yo fuera hombre, hubiera hecho lo mismo que tú”
La esposa de Albert Parsons decía: Si de mí depende que Albert pida perdón, que lo ahorquen”.
El 11 de Noviembre de 1887, los cuatro acusados fueron conducidos al patíbulo y ahorcados. Auguste Spies, antes de morir, declaró: “La voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora”.
La Lucha Continua:
Auguste Spies tenía razón cuando expresó sus últimas palabras. La Asociación Internacional de Trabajadores y todos los obreros del mundo continuaron Ia lucha. Hubo una Ilamada mundial para continuar Ia lucha por Ia jornada de ocho horas y convocaron para el 1ero. de Mayo de 1890, a manifestar en las principales ciudades del mundo.
El 1ero. de Mayo de 1980 se celebraron manifestaciones y desfiles en las principales ciudades europeas y de Estado Unidos. Las manifestaciones en Londres, Paris, Budapest y Barcelona fueron impresionantes. Ese día se celebró por primera vez en Ia historia el DIA INTERNACIONAL DEL TRABAJO. En 1907 se celebró por primera vez en América Latina. Brasil fue el escenario de dicha celebración.
En 1919 Ia Organización Internacional del Trabajo recomendó que se estableciera Ia jornada de ocho horas.
En 1920 casi todos los países europeos habían concedido esa jornada.
Hoy, en todos los países del mundo, con Ia sola excepción de Estados Unidos, se celebra el 1ero. de mayo el Día del Trabajo. Parece que Estados Unidos no quiere recordar que ese día se celebra por el esfuerzo de un grupo generoso de sus obreros. Ellos lo celebran el primer lunes de Septiembre.
Tomado de:
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