Para celebrar el Trabajo, transformemos la cultura empresarial dominicana

El primero de mayo celebramos en nuestro país el Día del Trabajo, como en casi todos los países del planeta. ¿Cómo celebrarlo para que sea una verdadera fiesta que refuerce el gozo de vivir en común? Recientes acontecimientos de nuestra vida nacional nos ayudan a responder para celebrar el día del trabajo, debe transformarse la cultura empresarial dominicana.

A principios de abril de 2009, las noticias nacionales hablaban de protestas de los sindicalistas dominicanos en contra de la propuesta de la Confederación Patronal de la República Dominicana (COPARDOM) para reformar el Código de Trabajo. A estas protestas se unieron tres voces importantes.

En primer lugar, la de Max Puig, Secretario de Trabajo. Declaró que “en un momento de crisis no podemos desmantelar el Código, aún cuando se le pueda hacer al código una modificación puntual, siempre con el acuerdo de empleadores y trabajadores”. En segundo lugar, apareció la voz del Presidente del Senado, Reynaldo Pared Pérez, calificando como “inaceptable” e “improcedente” la propuesta del sector empresarial. Convencido de que la reforma propuesta significaría un retroceso en materia laboral. Pared se pronunció con tono profético: “Estas manos no se levantarán para aprobar esa iniciativa y no creo que ningún legislador se preste a aceptar que se modifique el Código de Trabajo”. En tercer lugar, el Vicepresidente de la República, Rafael Alburquerque, que consideró “inaceptable” la propuesta, invitando a “entender que si la crisis económica mundial afecta a determinados sectores, en definitiva el sacrificio debe ser de todos, de empresarios, de trabajadores y de todos los sectores productivos de la nación”.

¿Qué cosas proponían los empresarios implicados en el asunto? Básicamente, se pueden agrupar en cuatro temáticas:

1) En materia de cesantía: a) establecer un límite de cinco años y un pago único equivalente a 23 sueldos ordinales; b) sustituir la cesantía por el retiro al trabajador por antigüedad que ofrece el seguro social.

2) En materia de penalidades sobre prestaciones: a) reducir la penalidad establecida en el código por el pago de prestaciones vencidas; b) establecer un límite para el pago de las prestaciones igual que el pago de los salarios caídos de 6 meses; c) que el monto a pagar por penalidad sea una diferencia del monto total y por cada día de salario retrasado sea en proporción a la suma dejada de pagar; d) que el monto total a pagar no exceda el equivalente a seis meses de salarios.

3) En materia de horarios laborables: a) flexibilizar la jornada laboral, estableciendo topes máximos de horas trabajadas diariamente al mes.

4) En materia de conflictos laborales: a) extender el plazo hasta 10 días después de la notificación de una sentencia por conflicto laborales, que actualmente es de 3 días; b) establecer el pago de una suma equivalente al monto de las condenaciones pronunciadas y no del duplo, establecido actualmente.

Veamos las razones que daba la COPARDOM para sustentar su propuesta. En primer lugar, argumentaba que la acumulación de la cesantía limita la preservación y generación de empleos. En segundo lugar, que el costo laboral en nuestro país asciende actualmente a 65%, siendo el más alto de Centroamérica. En tercer lugar, que se debe favorecer la competitividad reduciendo los costos laborales. En cuarto lugar, las modificaciones a la Ley laboral evitarían un estallido social. La abogada Marisol Vicens, en su calidad de presidenta de COPARDOM, contextualizó su argumentación en unas declaraciones de prensa: “El nuevo entorno internacional nos exige promover una adecuación de nuestra legislación laboral, con la finalidad de fomentar un clima de inversiones que permita preservar y crear nuevos empleos”.

Para aclararnos éticamente, podemos resumir todo esto en una máxima. Los empresarios parecen decir: “En tiempos de crisis, la competitividad empresarial dominicana ha de privilegiarse a la seguridad social de las personas trabajadoras”. No podemos estar de acuerdo con esta máxima. Unas condiciones laborales flexibilizadas amenazan la paz social. Más trabajos con menos derechos es una bomba de tiempo. Y la inversión extranjera sólo resulta beneficiosa para la población cuando hay institucionalidad en el país, sobre todo cuando se cuenta con un sistema eficiente de educación, salud pública y seguridad social.

Lo que ocultan las declaraciones de Vicens es la razón última por la que se propone todo, si las sometemos a un análisis ético. Este sector del empresario dominicano no está dispuesto a compartir la carga de la crisis económica internacional y quiere descargar el peso sobre las personas trabajadoras, reduciendo las conquistas laborales de años de lucha sindical. A nuestros empresarios les gusta el ejemplo de Europa y viajar allá para respirar los aires de “civilización”; pero no se acuerdan que el estilo de vida europeo ha sido, en buena medida, el establecimiento de una sociedad igualitaria gracias a las luchas sindicales y a un régimen tributario progresivo.

En tiempos de crisis económica, todos debemos repartirnos la carga proporcionalmente. El que tiene más, que ponga más de lo que gana. En nuestro país, los empresarios ganan proporcionalmente mucho dinero; más que en Europa. Podrían los empresarios cristianos de la COPARDOM, que no serán pocos, reflexionar estas consideraciones éticas del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (Nn. 277-278): “La Doctrina social ha abordado las relaciones entre trabajo y capital destacando la prioridad del primero sobre el segundo, así como su complementariedad… En la reflexión acerca de las relaciones entre trabajo y capital, sobre todo ante las imponentes transformaciones de nuestro tiempo, se debe considerar que “el recurso principal” y el “factor decisivo” de que dispone el hombre es el hombre mismo y que “el desarrollo integral de la persona humana no contradice, sino que favorece más la mayor productividad y eficacia del mismo” (Centesimus Annus 43)”…

Para poder celebrar el Día del Trabajo, es necesario cambiar la cultura empresarial de nuestro país. La misma cultura que ha guiado a la Asociación Dominicana de Administradoras de Riesgos de Salud (ADARS) a manipular a la Superintendencia de Salud y Riesgos laborales (SISALRIL) para debilitar los esfuerzos del Seguro Nacional de Salud (SeNaSa), la ARS del Estado, mercantilizando los servicios de salud al extremo. Pero esto merece una reflexión aparte, de la que nos ocuparemos el próximo mes.

Mella, Pablo. (2009). Para celebrar el trabajo, transformemos la cultura empresarial dominicana. Amigo del Hogar. Mayo, no. 724, p.12-13.

En estos momentos la clase trabajadora y el Comité Nacional de Salario están en negociaciones, están son las propuestas presentadas:

La nueva propuesta del sector incluye tres puntos, el primero unificar los salarios mínimos existentes a tres reglones, que el empresariado esté dispuesto aumentar más allá del mínimo lo cual podría conllevar a que ellos reduzcan su demanda de incremento a 30% y 25% respectivamente.

Sin embargo, entre las centrales sindicales aún no hay consenso para la propuesta, ya que algunas de las organizaciones se muestran renuentes a variar el reclamo de aumento de 30% al mínimo y 25% hasta los 50 mil pesos.

En lo que si están de acuerdo los obreros es en volver a sentarse ante el Comité Nacional de Salarios por el momento.

Este martes el ministro de trabajo, Max Puig entregó al sector obrero el informe sobre la inflación registrada en el país durante los últimos dos años. Ese mismo estudio ya fue entregado el pasado viernes a los empleadores.

Pablo Mella, sj. Centro Bonó